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"Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con del dedo.” Juan
8.6
Posiblemente, querían que el Señor Jesús, por cumplir la estricta ley del Antiguo Testamento contra las adúlteras, violara las leyes romanas, y así sus enemigos tendrían algo concreto para acusarle.
Reflexionemos.
Ante la necesidad de dar una respuesta con consecuencias de vida o muerte, el Señor simplemente escribe en tierra con su dedo.
Sin dudas el Señor sabía que responder, sin embargo, optó porque pasara un poco de tiempo, y quizás entonces, el dramatismo de la escena, quedara retratado en su totalidad.
El cuadro de una mujer avergonzada públicamente y llevada a la fuerza ante Jesús, ya hablaba por si mismo sobre la intolerancia, y la falta de escrúpulos de aquella gente.
Quizás el Señor quería precisamente que ese cuadro inhumano quedara representado, al menos por unos segundos más.
Si, no nos engañemos, los que llevaban a aquella mujer no tenían el más mínimo respeto ni compasión hacia ella; ese era un retrato de intolerancia hacia el mismo ser humano, más que hacia el pecado que se había cometido.
Entonces, sin duda la respuesta iba a tener que ver con esa triste y penosa realidad de la condición humana, mas que de cumplimientos religiosos.
Tampoco nosotros perdamos esa perspectiva de nuestra vida. No se trata simplemente de conocer y cumplir leyes, se trata de conocer a un Dios real, justo, y amoroso, que busca una relación personal e íntima.
Paremos un momento, y reflexionemos sobre el cuadro de nuestra existencia: ¿Se trata de un acto de religión fría? ¿Se trata de indiferencia hacia la ley de Dios? ¿Se trata un espíritu de juicio e intolerancia hacia los demás?
Si el Señor escribiera con su dedo en tierra, mientras quedara nuestra vida como un cuadro expuesto en museo, ¿Qué viera la gente?
Autor: Rev. Samuel Aleman
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