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"En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.” Juan
7.37
¡Qué maravillosa oportunidad, el Señor ofreció a todos los sedientos espirituales que le rodeaban para que saciaran su sed!
¿Seguirá abierta esa oferta?
Reflexionemos.
Si nuestro Señor hubiese sido un religioso más, u otro profeta, iluminado, o enviado, la oferta de beber en él hubiese terminado.
De un maestro o profeta, después que muera, quedan sus enseñanzas, su ejemplo, pero nunca él mismo.
Sin embargo, Jesús invita a que vayamos a Él para saciar la sed.
Y gloria a Dios, como que es divino: resucitó, y vive; podemos seguir saciando en El mismo nuestra sed.
La verdad, es que a lo largo de los siglos, ninguna doctrina ha podido llenar el corazón del hombre. Si pudo satisfacer la curiosidad y el intelecto, pero nunca al espíritu sediento.
Mi amigo, la oferta sigue abierta de parte del Cristo vivo: Si tienes sed, ve y pon toda tu fe a Él, para que camines confiado en sus preciosas promesas de vida eterna, y perenne seguridad.
Recuerda, quien ofreció saciar la sed del espíritu, sigue vivo, presente, y con todo el poder que siempre tuvo junto a su Padre.
Autor: Rev. Samuel Aleman
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